miércoles, 17 de diciembre de 2008

La Apostasía de la Iglesia Verdadera

A lo largo de la historia, gente inicua ha tratado de destruir la obra de Dios. Eso fue lo que sucedió mientras los apóstoles se encontraban aún con vida y supervisando la nueva y creciente Iglesia. Algunos de los miembros enseñaban ideas relacionadas con sus antiguas creencias paganas o judías en lugar de las sencillas verdades que había enseñado Jesús. Además, los miembros de la Iglesia sufrieron gran persecución externa y fueron torturados y asesinados por defender sus creencias. Uno por uno los apóstoles fueron asesinados y a los que iban quedando, debido a la persecución que sufrían, les era imposible reunirse para escoger y ordenar a otros hombres para que reemplazaran a los que habían muerto. Finalmente, sólo los líderes locales del sacerdocio tenían la autoridad para dirigir las ramas de la Iglesia que se encontraban diseminadas en diferentes lugares. La organización perfecta de la Iglesia había dejado de existir y una gran confusión reinó en su lugar. Cada vez se introducían más conceptos equivocados en la doctrina de la Iglesia y poco tiempo después la destrucción de la Iglesia fue total. Al período que abarca la época durante la cual la Iglesia verdadera no estuvo sobre la tierra se le llama la Gran Apostasía.
Pronto las creencias paganas dominaron la forma de pensar de los llamados cristianos. El emperador romano adoptó ese cristianismo falso como la religión del estado. Esa iglesia era muy diferente de la Iglesia que Jesús había organizado, y sus miembros creían que Dios era un ser sin cuerpo ni pasiones. Ellos perdieron la comprensión del verdadero amor que Dios tiene por nosotros; no sabían que somos Sus hijos, ni comprendían el propósito de la vida. Muchas de las ordenanzas se cambiaron debido a que el sacerdocio y la revelación habían desaparecido de la tierra.
El emperador eligió sus propios líderes y les puso los mismos títulos que habían utilizado los líderes del sacerdocio de la Iglesia verdadera de Cristo. Los oficiales de la iglesia recibieron honores y riquezas. Los obispos y arzobispos luchaban entre sí para obtener más poder; no había apóstoles ni otros líderes del sacerdocio con poder de Dios, ni existían tampoco los dones espirituales. El profeta Isaías había predicho esa situación al profetizar: "Yla tierra se contaminó bajo sus moradores; porque traspasaron las leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el pacto sempiterno" (Isaías 24:5). Ya no era más la Iglesia de Jesucristo; era la iglesia de los hombres; y hasta se le cambió el nombre.
Manual Principios del Evangelio pag. 105-106